sábado, 7 de junio de 2014

Educar y trabajar desde la inteligencia emocional



Educar y trabajar desde la Inteligencia Emocional

Muchos piensan que este concepto es original de quien lo desarrolló, Gardner, pero no es así. El concepto inteligencia emocional fue utilizado por primera vez por Salovey y Mayer (1990):


Rafael Bisquerra desarrolla en su web que “según la versión original de Salovey y Mayer (1990), la inteligencia emocional consiste en la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones.

Según Mayer y Salovey (1997: 10), “la inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual”. La inteligencia emocional se refiere a un “pensador con un corazón” (“a thinker with a heart”) que percibe, comprende y maneja relaciones sociales.


Estos autores han ido reformulando el concepto original en sucesivas aportaciones (Mayer y Salovey, 1993, 1997, 2007; Mayer, Caruso y Salovey, 1999, 2001; Mayer, Salovey y Caruso, 2000).


Una de las formulaciones que se toman como referencia es la siguiente (Mayer, Salovey y Caruso, 2000; Mayer y Salovey, 1997, 2007). La inteligencia emocional se estructura  como un modelo de cuatro ramas interrelacionadas:


Percepción emocional: Las emociones son percibidas, identificadas, valoradas y expresadas. Se refiere a sí mismo, en otros, a través del lenguaje, conducta, en obras de arte, música, etc. Incluye la capacidad para expresar las emociones adecuadamente. También la capacidad de discriminar entre expresiones precisas e imprecisas, honestas o deshonestas. 


Facilitación emocional del pensamiento: Las emociones sentidas entran en el sistema cognitivo como señales que influencian la cognición (integración emoción y cognición). Las emociones priorizan el pensamiento y dirigen la atención a la información importante. El estado de humor cambia la perspectiva del individuo, desde el optimismo al pesimismo, favoreciendo la consideración de múltiples puntos de vista. Los estados emocionales facilitan el afrontamiento. Por ejemplo, el bienestar facilita la creatividad.


Comprensión emocional: Comprender y analizar las emociones empleando el conocimiento emocional. Las señales emocionales en las relaciones interpersonales son comprendidas, lo cual tiene implicaciones para la misma relación. Capacidad para etiquetar emociones, reconocer las relaciones entre las palabras y las emociones. Se consideran las implicaciones de las emociones, desde el sentimiento a su significado; esto significa comprender y razonar sobre las emociones para interpretarlas. Por ejemplo, que la tristeza se debe a una pérdida. Habilidad para comprender sentimientos complejos; por ejemplo, el amor y odio simultáneo hacia una persona querida (pareja, hijos) durante un conflicto. Habilidad para reconocer las transiciones entre emociones; por ejemplo de frustración a ira, de amor a odio.


Regulación emocional (emotional management): Regulación reflexiva de las emociones para promover el conocimiento emocional e intelectual. Los pensamientos promueven el crecimiento emocional, intelectual y personal para hacer posible la gestión de las emociones en las situaciones de la vida. Habilidad para distanciarse de una emoción. Habilidad para regular las emociones en uno mismo y en otros. Capacidad para mitigar las emociones negativas y potenciar las positivas, sin reprimir o exagerar la información que transmiten”.


Bisquerra R. “La inteligencia emocional según Salovey y Mayer”. Recuperado el 07 de junio de 2014 de http://www.rafaelbisquerra.com/es/inteligencia-emocional/inteligencia-emocional-segun-salovey-mayer.html.


¿Cómo trabajar las emociones desde la Escuela Infantil?


Etiquetar a los niños desde sus acciones no procede nunca por ejemplo cuando se dice “es un desobediente”, “es un vago”, y así muchas más expresiones habituales en el vocabulario del adulto. 


Modificar la conducta de un niño no es difícil, bien es verdad que cuesta esfuerzo pero modificar los rasgos propios de la persona eso ya no es posible. 


Por tanto ¿Se podría modificar la conducta de un niño de no realizar lo que se le pide?. Evidentemente sí. ¿Cómo?: Aprendiendo a registrarla. 


·         Anotar cuando sucede (duración, frecuencia e intensidad) para poder evaluar el proceso del niño de una forma totalmente objetiva y no “desde lo que nos parece a nosotros como padres o educadores”

o   En qué situaciones empeora

o   En qué situaciones mejora

o   ¿Qué circunstancias la provocan?.

·         Las conductas se aprenden y se pueden desaprender. El ambiente familiar y escolar y en general las circunstancias que rodean la vida del niño favorecen el desarrollo de esas conductas positivas o negativas.

·         Los niños imitan lo que ven, ¿qué se quiere transmitir con esta frase?. El adulto, cualquier adulto es modelo, guía de conducta para los más pequeños por lo que nuestro comportamiento y nuestra forma de hacer va a influir de forma directa en ellos. “Fray ejemplo es el mejor predicador”, dice un refrán.

·         Las conductas se aprenden también a través del lenguaje, de gestos, de estímulos. El mayor peso, lo tiene el lenguaje y la forma de decir las cosas. De cómo se reprende o como se corrige van a depender muchas de ellas. Si han sido reforzadas de forma agradable y positiva, si han sido reprendidas desde la ira, el enfado o un mal gesto o por el contrario han sido reprendidas con calma, razonando y siendo coherentes con el castigo impuesto, favorece o no la adquisición de esa conducta o el no repetirla, al menos con la frecuencia con la que comenzó. 


Cuando una mala conducta sigue repitiéndose a pesar del esfuerzo por actuar de forma adecuada, siempre hay que reflexionar y pensar ¿en qué me sigo equivocando?.

Se deben establecer normas muy concretas que el pequeño debe cumplir ya que ponen límites a los impulsos y comportamientos del niño, facilitan el autocontrol de la persona y regulan las situaciones y conductas a las que son expuestos. 


·        Distinguir entre normas importantes: pocas y claras y siempre intentar que se cumplan y normas accesorias: aquellas que no son esenciales para la convivencia pero que siempre mejoran la misma. 


·         Siempre muy bien formuladas y tener la seguridad que el niño lo ha comprendido y tiene que ser consciente de lo que se espera de él y dejar muy muy claro las consecuencias de cumplirlas o no cumplirlas. 


Educar a los niños en la adquisición de una buena autorregulación de la persona beneficiará sin duda sus comportamientos y actitudes futuras, lo que facilitará la interacción social entre otras











¡¡¡Hasta muy pronto!!!! 

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